miércoles, 18 de septiembre de 2013

Persistencia




Apuesto que si buscas bien, descubrirás que alguien más ya escribió esto. Si persistes lo suficiente, algún otro lo volverá escribir. Estoy seguro que alguien está pensándolo en este instante .

lunes, 23 de julio de 2012

La otra cara de la Mona Lisa


Pascal Cotte, reverso del lienzo de la Mona Lisa

Cali, 17 de diciembre de 2009

El evento cultural más importante que se realiza este diciembre en la ciudad de Cali es la exposición sobre Leonardo DaVinci, el genio, tal como reza el nombre de la muestra. A mediados del mes de noviembre me enteré del evento. Envíe mi curriculum para participar como guía, con el ánimo de conseguir un trabajo para diciembre,  y acercarme a una experiencia que siempre me atrajo por su naturaleza de contacto con la gente, por la beligerancia histórica, científica y artística del personaje, y por supuesto me caía bien la platica―aun me caería bien―. Hace una semana renuncié. Solo duré unos siete días.
Tras la primera entrevista recibí un correo electrónico en el que me comunicaban que:
“Por medio de la presente te confirmo que has sido seleccionado/a para ser parte del equipo de trabajo que traerá a Cali la exposición Da Vinci el Genio. Los días de capacitación son 26, 27 y 28 de noviembre en las instalaciones del Museo, los horarios de dicha capacitación serán confirmados 2 días antes a las fechas previstas. Recuerda que necesitamos completa disponibilidad de tiempo".
El 28 de noviembre iba  a hacer una fiesta en mi casa de gruesas proporciones, y me indispuso un poco aquello de la “completa disponibilidad de tiempo”. Por otro lado me causaba curiosidad la cuestión de ser capacitado en tres días sobre una de las mentes más grandes de la historia con uno de los legados más extensos y variados comprendido por la pintura, la anatomía, la ingeniería, las matemáticas y la física, solo por nombrar algunas. Había que vivirlo para entenderlo. En honor a la verdad creo que no estuvo tan mal. 

El primer día de trabajo tocaba llegar a la Tertulia a las siete de la mañana. Me cogió la tarde por andar tomando vino donde unos amigos que me invitaron a cenar la noche anterior. Tocó en taxi. Una vez congregados nos dieron una charla sobre como todos éramos un equipo y cada uno tenía sus funciones y que ellos estaban ahí para ayudarnos, más capacitados que nunca con la experiencia de Bogotá y Medellín, que contaban con más de cien mil y treinta mil visitantes respectivamente. Nos dieron la camiseta usada por los guías que condujeron a más de ciento cincuenta mil personas en Bogotá y Medellín, tal como dice el afiche publicitario que leí hoy en la estación del MIO que anuncia un combo para cinco personas por sesenta mil pesos. (Vaya forma de sumar la de los publicistas.)

Tras la charla, nos dió la tan esperada visita guiada nuestro mentor en la capacitación, el matemático y leonardeologo Leonardo Vanegas.  Es un hombre de estatura muy baja; casi cabía en la reproducción a escala ―más pequeña que el original― del tanque que diseño Leonardo ― DaVinci―. Tenia siempre puesta una boina que le combinaba con el traje que llevara puesto. Ese día llevaba un bolso de cuero que se terciaba para poder mover las manos mientras nos hablaba de la bicicleta moderna encontrada en un códice de Leonardo, y que de este diseño se sospechaba que no era suyo dado que el grafito con que había sido pintado no era un invento disponible en su época. La primera sala del segundo piso me correspondía a mi, así que preste especial atención a la explicación de Leonardo que no paraba de batir los brazos con la mirada al infinito―creo que salió con la misma expresión en El País, en una de esas notas de prensa pagadas por el evento―. La última máquina que explicó en mi sala era objeto de un discurso interminable y lleno de detalles de la época renacentista que finalmente concluía con que Leonardo ―DaVinci― como pensaba siempre en el potencial y las capacidades del hombre había construido una máquina que liberaba al hombre de la tarea monótona y repetitiva de martillar el metal contra el yunque, siendo el precursor de la automática y la robótica. Todo un adelantado. Un presagio de mi destino.

La sala contigua a la mía era la de anatomía. La guía asignada es Catalina. Una pelada de unos veinte y dos, muy sonriente, con un pelo rizado castaño oscuro como  esas muñequitas pelirrojas de trapo y con cara de niña recién salida del colegio. El último día de la capacitación nos propusieron un ejercicio en parejas. Como la tenía cerca le dije que si nos hacíamos juntos. El ejercicio resultó un poco embarazoso pero hacia gracia. Era una especie siete-pum tres-pin cinco-pan, pero con gestos. Me encantó su sonrisa y de sus comentarios asomaba una inteligencia notable.  Terminamos la capacitación como a las cinco y treinta de la tarde. Tenía un poco de afán porque debía irme a comprar el licor para la fiesta de esa noche, y necesitaba descansar de la madrugada y el cansancio de una sesión de todo un día de Leonardo sobre Leonardo —DaVinci—. A pesar de ello, cuando vi que Cata se iba caminando sola por la acera la seguí a ver si la alcanzaba, pero ya me llevaba un trecho de ventaja. No quería correr. Al doblar una esquina la perdí de vista. Recordé la fiesta y mi afán, así que tome un taxi.

Al terminar el resto de las salas del segundo piso pasamos al tercero. Leonardo mantenía ese entusiasmo que solo se compara al que tiene un enamorado hablando de su enamorada. Hasta nos hablo de una pintura de Florencia en la época de Leonardo ―DaVinci― que estaba en el hall del tercer piso y que solo estaba ahí para ambientar, pues no pertenecía a la exposición. El tercer piso tenia cuatro salas. La primera dedicada a las máquinas de vuelo, a donde seria trasladado a petición mía un par de días más tarde a causa del tedio y el síndrome de encierro que padecía. La repetición constante durante casi cinco horas que duraba la parte más movida del turno y la estrechez de la sala de maquinas didácticas y de anatomía  nos pusieron a Cata y a mi como felinos enjaulados. El cansancio mental, la prohibición de botellas de agua en la sala y la falta de una silla para poder sentarse cuando no había nadie lo dejaban a uno al final del día con la extraña sensación de terminar la jornada de trabajo en la fabrica de Tiempos Modernos, y una profunda convicción de hacer voto de silencio por el resto del día dando muerte a una botella de vino.

El segundo día de trabajo se me quedó la camiseta que había guiado por la exposición los más de ciento cincuenta mil visitantes. Con semejante trajín, lo que se ocurrió fue dejarla oreando en el patio la noche anterior. Esta vez no me levante tarde. Estaba listo a las seis y media de la mañana, pero uno de los roomates me puso conversa durante el desayuno y me cogió la noche buena. Tocó taxi otra vez. Justo cuando me bajé del taxi me di cuenta que no tenía la camisa en el maletín. Me acerqué a Natalia, la administradora, que muy amablemente me dijo que me conseguía otra. Sin embargo note cierta tensión entre los otros jefes por mi descuido. Al cabo de unos cuarenta y cinco minutos entró en la sala de máquinas didácticas David, el jefe de Natalia, y me dijo con voz castrense: “Que no vuelva a ocurrir. Este es el instrumento de trabajo”. Quede tan asombrado con el comentario que no conteste nada. ¡Como si la camiseta fuera a echar el cuento!

La tercera y más amplia de todas las salas del tercer piso era para la Mona Lisa.  La sala estaba dispuesta con unas veinte reproducciones de la Gioconda en diferentes tamaños. Había reproducciones de tamaño natural, unas ampliadas casi cuatro o cinco veces y otras simulando diferentes rangos del espectros de luz. Las fotos provenían de Pascal Cotte y su cámara de doscientos cuarenta millones de megapixeles. La resolución con que fueron tomadas las fotos permitió hacer restauración digital, que significa que a punta de photoshop fueron removidas las impurezas adheridas a la pintura con el paso del tiempo, produciendo una versión que se aproximaba a los colores de la obra como si estuviese recién pintada y que poseía un brillo matinal, sin la nostalgia que concede el transcurso de los años. En medio de toda la sala colgaba de unos cables la pieza más curiosa de toda la exposición: una reproducción de la Mona Lisa en su estado actual cubierta por dos laminas de acrílico. El tablón donde estaban pegadas las impresiones poseía el mismo grosor de la obra original que reposa en el Louvre, y nos permitía ver lo que está oculto para los turistas aun en el afamado museo francés. La otra cara de la Mona Lisa era una tabla de madera con algunos orificios del gorgojo y un código de dos letras y  tres dígitos— M R 316 — que según Leonardo ―el leonardeologo― pertenecían al registro de la venta del cuadro al rey de Francia. Increíblemente la foto de una tabla al reverso de una reproducción de la obra de arte más famosa de la historia le daba veracidad a la lamina; justificaba toda la sala. 


La jornada de capacitación se extendía desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde con unas dos hora de almuerzo. El primer día no hubo refrigerio en la mañana, lo que nos motivo a incluir entre nuestras dudas sobre las condiciones del empleo el asunto del refrigerio y el descanso. Los organizadores no habían pensado en un refrigerio, y estaban sorprendidos con la solicitud de unos veinte y cinco minutos para comer algo que nosotros mismo trajéramos. Pareció como si en Bogotá y Medellín, donde se había atendido a más de ciento cincuenta mil personas, nadie había reclamado ni diez minutos. Con actitud conciliadora tomé la palabra para decir que lo que esperábamos de ellos era un claro interés en poder programarnos unos quince o veinte minutos de receso para poder comer algo y descansar  la mente. En la tarde hubo refrigerio. 

El primer día de trabajo no hubo refrigerio para los del turno de la mañana. No supe que sucedió en el turno de la tarde. En ninguna ocasión durante los siguientes siete días el refrigerio fue antes de las  doce  y media del día y tenía un agravante: solo duraba cinco minutos. Esto nos molesto a todos. El día del traslado a la sala de vuelo, que fue solo un pequeño alivio para el coctel de atropellos de los que éramos sujetos, le dije a David que cinco minutos era como muy poquito para bajar la empanada, descansar un poco los pies, la voz, y la mente―en realidad, cinco minutos son poco para hacer bien aunque fuera una sola cosa de las cuatro―. “Pero fijáte que en Bogotá y en Medellín, no dimos refrigerio.” Ni siquiera se ruborizo mientras me lo decía. Parecía como si nos estuvieran dando un premio que no nos habíamos ganado. ¿Cuántos guías de sala y logísticos se debe contratar para atender durante dos meses a cien mil personas en grupos de quince a veinte individuos sin que pierdan la voz y con por lo menos veinte minutos de descanso? No debería ser ésta una interrogante tan excéntrica para quien organiza eventos. 

La magia intrínseca en la tarea de volar y la ingeniería desarrollada por Leonardo maravillaban a los asistentes que durante la jornada de la mañana eran en su mayoría alumnos de los colegios públicos y privados de la ciudad. Yo ponía todo mi empeño en darles una exposición de calidad a los niños, que sin duda son los más beneficiados con esta clase de eventos culturales. Les abre la mente a nuevas preguntas, y yo estaba ahí para intentar resolver algunas y darle vida a nuevos interrogantes. El volumen de personas que habían programado los organizadores me obligaba a echarme el rollo en cinco minutos, pero para hablar con los niños se necesita bajar la información y los conceptos a los términos de su experiencia, y esto suponía un discurso más pausado, lleno de metáforas y símiles que extendían el tiempo programado que ya era insuficiente. Responder a las preguntas era indispensable para el éxito pedagógico del recorrido, pero me suponía en esfuerzo ininterrumpido. No había terminado de dar la charla cuando ya tenia otro grupo esperando. No paraba de hablar en horas, pero ¿cómo callar a un niño fascinado y lleno de preguntas? Tal demora en la operación logística planeada me hizo acreedor a una regaño de Emerson, el rolo que mandaron para coordinar la exposición en Cali. “No puedo parar toda la operación por una persona, vale?”. A lo que repliqué diciendo que esto no se trataba de sacar grupos de las salas como si fuera una fabrica de auto partes en una linea de ensamblaje, a lo Ford. 

—Así ha funcionado en Bogotá y en Medellín, y si no te sirve a mi manera, pues tienes hasta las dos para pensarlo”, me dijo.
—Mirá, no necesito hasta las dos. Yo termino mi turno y listo.

En un ataque de dignidad, empujado por los antecedentes de pequeños atropellos consecutivos al grupo de guías y logísticos, renuncié.  ¿Cómo hablar de Da Vinci, su aporte, su vida, su revolución, su rebeldía, su libertad de espíritu y permitirme no renunciar?  ¿Me había precipitado? ¿Era razonable usar un tiempo restringido para permitir aumentar el volumen de personas y hacer la exposición un negocio rentable? ¿Cuánto es el margen de rentabilidad para una exposición de arte? ¿ Es necesario hacer del empleado una fuente de rentabilidad, pagando malamente e ignorando sus derechos? —como el derecho a su hora de almuerzo por cada ocho horas de trabajo— ¿ Son los guías quienes dan valor agregado a un exposición con su trabajo educativo, o se convierten en otro engranaje del aparato logístico que permite tasar el tiempo de visita y proyectar así su rentabilidad?¿Son las industrias culturales paradójicamente esclavistas? ¿ De qué carajo se ríe la Mona Lisa?

A las dos en punto de la tarde salí del museo creyendo que mis principios y su decisión—¿o mi decisión?— habrían de dar valor a mis compañeros para reclamar sus derechos. Sentado el precedente, hice el último intento de encontrar una luz de sensatez laboral, y le comenté a David que había que recordar que quienes trabajan ahí eran personas que daban lo mejor de si para estimular el recorrido de un visitante. Que su grupo de trabajadores si bien eran jóvenes en su mayoría, con necesidad del dinero, también eran estudiantes de artes, de diseño, de ingeniería, que inclusive contaba con una restauradora, y que todos ellos merecían que se les valorara y respetara. Increíblemente me contesto que recordara que habíamos firmado un contrato. 

Caminando fui dejando atrás la exposición de “Da Vinci, El Genio”, con sus más de ciento sesenta reproducciones,  los cuarenta dibujos anatómicos, sus ciento cincuenta mil visitantes, los doscientos cuarenta millones de megapixeles, y los tres dígitos al reverso de la Gioconda. Busque con la mirada a Cata para despedirme, pero no la vi. La fiesta en mi casa fue un éxito: más de ciento cincuenta personas, dos grupos de música del pacifico, doscientos cuarenta cervezas, quince canecas de guaro y diez de ron. Tampoco había sillas en la sala.
Fin.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Dilemas



La sustancia


Resulta que algunas cosas fluyen mejor bajo el influjo de las drogas —basta preguntarle a los Beatles o a Lewis Carol, por ejemplo. ¿Pierde valor el objeto creado bajo esa influencia ó deja de ser de la autoría del hombre para convertirse en un derivado de la sustancia en cuestión? Si alguien ve algo de truco en ello, se enfrenta a un dilema: Si siente que resta mérito, es posible que tenga una opinión negativa del uso de las sustancias, que lo que ha creado ese hombre es solo fruto de la toxina. Esto implica que no ha sido él el verdadero artífice de la creación, sino él bajo el control de la sustancia. Pero lo que ha sido creado por la sustancia se lo encuentra bello. Luego, usted gusta de lo que la sustancia produce y en consecuencia debería probarla, y probablemente le gustaría tanto como lo creado por aquél, ó debe empezar a reconocer que el mérito es del hombre. 


Cortazar

Sleeveface 55_Julio Cortázar

Uno empieza a leer a Cortazar, y con el transcurrir de las páginas te empezás a creer inteligente cuando asentís cabeceando con aprobación una frase que te despeina como el viento y uno siente que sus expresiones van llenando de nítida validez tus metáforas, porque te sentís cercano a la experiencia que te está pintando en la cabeza y comenzás a soñar que vos también te la podes jugar por eso, por eso. Dedicar tu vida a escribir, describir e imaginar el mundo, las buenas formas del llanto, la continuidad de los parques y los tratados de oceanografía; pero entonces seguís leyendo, y este señor sigue diciendo tus pensamientos y de pronto te das cuenta que no vas a tener nada de que hablar si continúas leyendo porque Cortazar, puto Cortazar, es un crack, y lo mejor que podés hacer es escribir sobre él o dejar de leer.




Progreso


No se ha de perder de vista que todos estos complicados sistemas que vamos inventando y complicando deben su sentido y existencia a la búsqueda de un equilibrio: entre la capacidad de hacer, imaginar, crear y construir que posee el ser humano, y la otra esquina de la balanza que manda poder mantenerse vivo con un buen plato de comida. Cuando se evalúa la eficiencia de estos sistemas con algún guarismo, precauciones  extremas se deben tomar para no reducir la importancia de la dispersión y variabilidad del conjunto de medidas de la población. En caso contrario podremos terminar como apéndices de unos cuantos hombres y su vanidad. Si la vanidad y el éxito social entiéndase de todos o suprima lo social— pertenecen a una contradicción enraizada en la dualidad individuo-colectivo, es mejor dejar de complicar los sistemas y construir medidas significativas ó aprender a vivir sin comer.


A solas


Pencil Vs Camera - 34

Amarte requiere de un espacio sin ti.
A solas, conmigo, entiendo tu dimensión,
se solidifica tu importancia al despojarme 
de la responsabilidad de los dos.
A solas entiendo el lugar compartido.
Contigo, a solas, amor.



La rabia

PSICOPORTRAIT

En la rabia se es consistente de una manera irracional. Enfrentamos la realidad patente de querer hacer daño y comer del muerto. Estupefactos por la certeza de ser violentos, descomunales asesinos, la mente manda la venganza y sentimos como se desmorona el discurso que con tanto esfuerzo se había edificado; los principios rectores que nos protegen de la barbaridad se hacen añicos. Nos convertimos en una falacia, en una burla a la razón y actuamos con convencimiento. Es una cuestión de coherencia y desequilibrio.  Hoy, por ejemplo, me dio rabia cuando torpemente deje caer el pan con mantequilla al suelo.



lunes, 31 de octubre de 2011

La corrupción que no estudié.


A continuación presento un texto, con algunas modificaciones, que envié como parte de los requisitos para optar a una beca de Colciencias, que no obtuve. Este texto fue concebido en el marco del trabajo realizado con mi amigo y colega Jorge Finke, a quien aprovecho para agradecer por su colaboración y su generosidad con el conocimiento. Aunque un poco extenso, espero les agrade y ayude a promover el debate.


En Colombia, el Zar anti-corrupción estimó el desvío de recursos del Estado por cuenta de la corrupción en 4 billones de pesos colombianos anuales en 2010. Este lamentable dato se convierte en otra evidencia más de la falta de efectividad de las medidas que toma el Estado para combatirla, puesto que es su responsabilidad ante la ciudadanía velar por los recursos públicos. La corrupción, se configuró como uno de los mayores impedimentos para que las acciones previstas por el Estado, al implementar un conjunto de políticas públicas, obtuvieran la efectividad proyectada. El gasto público en obras sociales, crecimiento de la infraestructura, ampliación y mejoramiento de la educación, fortalecimiento del desarrollo rural, y la ampliación en cobertura de los servicios públicos han sido típicamente los sectores más afectados por la aparición de la corrupción sistémica en la práctica, y ha sido ampliamente sustentada como la culpable en el discurso del Estado y la clase política.

La investigación, innovación y producción de nuevo conocimiento científico se han apoyado en la experimentación, en el ensayo y el error, y en la postulación de modelos de pensamiento, que transforman nuestra relación con el mundo y terminan condensados en artefactos tecnológicos. Ahora bien,¿Qué tipo de tecnología podemos crear para abordar el análisis científico de fenómenos sociales que reconocemos deterioran la sociedad que hemos construido? Fenómenos como la corrupción, que en el papel parecen depender fuertemente del contexto cultural y que, por otro lado, carecen de una definición única y aceptada completamente por la comunidad científica, retan la especialización del conocimiento donde la división tradicional de las disciplinas falla en su intención de explicarlos.¿Puede nueva tecnología, fruto de comunión de las ciencias sociales, y las ciencias naturales —y sus disciplinas como la ingeniería— desafiar el avance de la corrupción en Colombia, y el mundo? en esta misma dirección, ¿Qué aportes puede hacer el método científico en la evaluación de políticas anti-corrupción en Colombia? ¿Existen políticas anti-corrupción en Colombia fruto del análisis y la experimentación metódica y el estudio riguroso de su praxis?

La definición que se acuña de la corrupción tiene un profundo impacto en los instrumentos que se crean para combatirla, en la delimitación de lo que se considera o no corrupción y en la motivación que existe para combatirla. En el discurso estatal—o político?—, la corrupción aparece como un fenómeno difícil de definir, de prevenir y/o resolver dado que sus raíces yacen en la debilidad propia del hombre, en la inestabilidad de sus valores, en su mente codiciosa y su falta de compromiso con la causa colectiva. Esta visión del individuo desconectado de la institución, del bien común y del desarrollo de la sociedad en general, que con su egoísmo revela la fragilidad del Estado, hace casi inabordable una solución que disminuya a niveles insignificantes dichos comportamientos. Sin embargo sí es claro, —aunque la perspectiva de este discurso es estrecha y poco coherente con la complejidad del fenómeno— que la acción malintencionada de unos cuantos echa por la borda el trabajo de una institución entera, no sólo por la pérdida de efectividad sino también por la pérdida de confianza en la figura del Estado.

La definición más popular de corrupción, promovida por la organización Transparencia Internacional, establece que la corrupción es el mal uso de poder público otorgado con fines privados. Esta definición ubica, una vez más, al eje principal de la corrupción en el sector público, pero deja entrever el accionar corrupto de ciertos sectores de la actividad privada. Sin embargo, el concepto sigue siendo débil al referenciar la actividad privada como separada de la pública, desconociendo la poderosa simbiosis entre el sector público y el privado, y cómo de esa actividad económica en la que están inmersos y de su naturaleza competitiva y ambiciosa, se promueven las conductas censurables, tramposas, e inclusive ilegales. Es evidente que la existencia de sectores de la actividad económica privada que dependen exclusivamente del gobierno para subsistir, como quienes fabrican armas, construyen carreteras, acueductos o explotan recursos naturales, se esfuerzan por promover un flujo creciente de recursos a sus arcas, y la monógama relación con el Estado los lleva a buscar mecanismos que aseguren la permanencia en el tiempo de su negocio: corromper funcionarios es posiblemente uno de los primeros estadios de la formación de estos mecanismos.

Estos malos hábitos que se empiezan a generar y popularizar se consolidan en una cultura laboral regida por el interés propio, en actividades públicas en el campo de la ilegalidad y en una ética profesional censurable. Estas dinámicas inducidas por la relación económica entre Estado e industria modifican la estructura misma de las instituciones, sus competencias y terminan por influenciar el órgano legislativo, el judicial y el ejecutivo, como se puede constatar en los casos que vinculan a paramilitares, senadores, latifundistas y corporaciones. Así que la dinámica de las instituciones, sus procesos de reestructuración, y la interacción con la sociedad, se ven influenciadas por los intereses individuales de agentes cuyo fin es su beneficio propio y no obedecen en muchas ocasiones a los propósitos elementales de las instituciones sociales.

La corrupción entonces, no puede ser entendida solamente como la acción malintencionada y ambiciosa de un funcionario, sino como el producto del vínculo complejo entre el Estado y la actividad económica de sectores dependientes del mismo, el contexto cultural, las estructuras de las instituciones sociales, todo esto sumado a otros sectores que reconocen el potencial de hacer negocios con el Estado; en últimas con los recursos captados de los individuos e instituciones que conforman la sociedad. Es importante mencionar que en Colombia hablar de corrupción obliga a incluir, ademas de el sector que realiza actividad económica legal, a actores armados como la guerrilla, paramilitares y narcotraficantes cuya influencia en el accionar político y económico del Estado y de empresarios, agricultores y comerciantes, por nombrar algunos, es innegable e ineludible.

Dado el enfoque tradicional del discurso del Estado, la sofisticación de la corrupción en Colombia, la falta de credibilidad de la clase política y los continuos casos de corrupción a su interior, es relevante preguntarse qué medidas toma el Estado para frenar y modificar los comportamientos corruptos, y bajo qué criterios desarrolla dichas políticas. Igualmente, resulta importante saber qué tipo de evaluación se aplica sobre las políticas implementadas para saber sus resultados, y valorar y replantear mecanismos más efectivos. Es claro que la formulación de estos programas de acción deben emerger a partir del conocimiento de las dinámicas que desencadenan actos de corrupción sistemáticos, y de la evaluación continua de dichas políticas, para generar un mejoramiento continuado en la lucha contra la corrupción. Aun más, es de vital importancia examinar los protocolos de contratación del Estado y los mecanismos de construcción de confianza y relaciones económicas con el sector privado del país.

La gran cantidad de literatura sobre corrupción y el surgimiento de entidades dedicadas a caracterizar y medir la corrupción apoyadas por poderosas entidades internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y Naciones Unidas, sugieren que la corrupción se ha ubicado en el centro de la agenda de desarrollo internacional para los países en vías de desarrollo, pero de igual manera han demostrado que el problema no es exclusivo de países con índices de pobreza más altos. Lo que es más claro es que la naturaleza compleja y multifacética de la corrupción requiere de medidas provenientes de la conjunción de diferentes disciplinas y de naturaleza compleja igualmente.

Algunos intentos por desarrollar estudios multidisciplinarios sobre la corrupción triangulan disciplinas como las ciencias políticas, la antropología y la economía, con el ánimo de encontrar las piezas claves que permitan abordar los desafíos propios en la formulación de políticas y mecanismos anti-corrupción. La antropología ha permitido profundizar en las relaciones entre las normas socio-culturales y la corrupción, y cómo el dinamismo de esas normas hace complicado separar lo corrupto de lo legal y lo ilegal. Las ciencias políticas han sugerido en su análisis que entre los factores que potencian la corrupción está el funcionamiento de las instituciones y sus prácticas de intercambio social en el contexto de los procesos históricos del país, tales como la democratización de las instituciones y el impacto de los regímenes autoritarios. La economía ha dado un marco conceptual que acentúa la importancia de las instituciones, los incentivos y las bases lógicas —rationales— que mueven los procesos de decisión de las personas que componen el Estado y el sector privado. La motivación económica de las actividades corruptas, y los valores y fines del sistema capitalista son bases del entendimiento del fenómeno de la corrupción.

La ciencias naturales y sus disciplinas científicas, como la ingeniería, han desarrollado herramientas de modelado y análisis de sistemas—en un principio con modelos lineales, pero que actualmente están en capacidad de abordar sistemas altamente complejos—, de gran impacto en la concepción de nuestra realidad y nuestra habilidad para afectarla. La articulación de estas técnicas y metodologías con el análisis y procedimientos de las ciencias sociales serán de gran beneficio para obtener una visión más holistica de problemáticas actuales y sensibles cuya base se encuentra en las dinámicas de las organizaciones e instituciones sociales. La matemática como lenguaje alternativo para la representación de las organizaciones y los procesos sociales, aceptando sus limitaciones, y reconociendo su potencial como herramienta de expresión puede contribuir a explorar otras dimensiones de nuestras interacciones y sus consecuencias de la vida en sociedad.

Desde el grupo de investigación GAR, de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, se viene promoviendo el uso de técnicas de la ingeniería que abarcan desde el uso de sistemas re-alimentados, sistemas complejos, sistemas híbridos, sistemas inteligentes y teoría de juegos, para el modelado y análisis de dinámicas sociales. La iniciativa parte de la firme convicción de la transdisciplinariedad como base de la solución de problemas reales. Problemas que se hacen evidentes a todo ciudadano en Colombia, y que dada nuestra sensibilidad y compromiso con el desarrollo social y económico del país nos llevan a incluir el estudio de las problemáticas sociales para promover el desarrollo tecnológico en estas áreas. Adicionalmente, reconocemos cómo la modernización del Estado y los avances en las tecnologías de la Información y la Comunicación ponen a nuestra disposición los insumos necesarios para que la ingeniería valide modelos sociales, y produzca tecnología en esta línea, que contribuya al enriquecimiento de los sistemas socio-tecnológicos sobre los cuales recaen cada vez más las actividades de nuestras vidas.

Con la intención de enriquecer y complementar la formación académica que he tenido, mi experiencia investigadora y obedeciendo a mi espíritu humanista, encuentro una posibilidad interesante de articular el conocimiento de las ciencias exactas y las herramientas de análisis para la formulación de soluciones, herencia de la escuela de ingeniería, que acompañado del conocimiento de la ciencias sociales sobre los problemas del país y los procesos históricos y culturales me ayuden a parir soluciones de base tecnológica a algunas de nuestras problemáticas. Dado que la corrupción se ha convertido en un fenómeno, que por su relevancia en el ámbito nacional e internacional, su base económica y su alto grado de complejidad, objeto de estudio del grupo GAR, y en una temática idónea para la realización mi doctorado. Con la intención firme de aportar a esta visión multidisciplinaria de los fenómenos sociales, es que surge este proyecto alrededor de la corrupción, la evaluación de medidas para su desmantelamiento y el entendimiento científico de sus causas e implicaciones en el desarrollo económico y social del país.



lunes, 11 de julio de 2011

El rojo escarlata


Ser hincha es una sensación de conexión. Es comulgar con la esencia de la competición, sintetizada en un uniforme que enviste de una mágica simpatía a todo aquel que lo lleva puesto. Es una decisión individual que se materializa en el sentimiento colectivo que experimentamos con un centro preciso, con un regate de filigrana, con una atajada, y por supuesto con su majestad el gol. No se si todos experimentamos el momento en que conscientemente optamos por un equipo de fútbol; yo tuve esa opción, y creo que no hay forma de errar, pues al atar nuestro destino con el equipo aquel, que nos acompañara por el resto de nuestras vidas, lo que hacemos es dar un salto al vacío, pues a esa temprana edad no se sabe nada de fútbol.

Mi padre no es un tipo de pasiones futboleras, y su noción de justicia está atada a la disciplina y al trabajo duro, y de ello se desprende que debe ganar el que mejor juegue, así no sea su equipo. En contraste, la familia de mi madre estaba claramente casada con el rojo: el partido liberal y el América de Cali. La frase de batalla de mi abuelo era,"Lo peor que me podría pasar en la vida es tener un hijo godo e hincha del Deportivo Cali". Yo tenia escasos seis años, cuando empece a ser consciente de que debía optar por uno de los equipos de mi ciudad. Ver a la gente entusiasmada, eufórica, en armonia colectiva frente al televisor, me presionaba. Queria sentir esa felicidad del triunfo, pero para eso debía escoger un lado.

En aquel momento no sentía ninguna conexión visceral con ninguno de los combinados locales. La figura del Pibe Valderrama, de Redín y del Mortero Aravena en el conjunto azucarero eran atractivas y poderosas. El América era sin duda la selección Sudamérica, y cada nombre brillaba con la fuerza de un sol. En el bus del colegio y en le recreo, los argumentos futbolísticos solo me generaban más ansiedad. La mayoría de mis compañeros heredaba incuestionablemente el amor por un equipo de su familia, y con él, el discurso que justificaba la grandeza del club del que hacían parte. Yo, en cambio, necesitaba sentir que mi inclinación era genuina, y eso no ocurría cuando me sentaba a ver los partidos frente al televisor.

Fue mi tío Adolfo, el que notó que mi corazón era solo de mi madre, y sabiamente me llevó al estadio sin autorización previa, de nadie. El encuentro que se disputaba en el Pascual Guerrero enfrentaba al America contra el Junior. Adolfo era un tipo modesto. No había hecho fortuna, y su dinero solo alcanzaba para la tribuna sur, la más popular, pero en esos tiempos todo el estadio era un territorio deportivo, tranquilo, unánime y su única preocupación al ingresar al estadio era ver ganar al América. Dos goles marcó el Rojo. Victoria, emoción, alegria. La sensación del Sanfernandino y su grandeza me tuvieron extasiado. Sin embargo, el momento que sellaría mi decisión ocurrió terminado el encuentro.

Salimos del Pascual acariciados por la brisa de la tarde. Atravesamos caminando el parque de las banderas y la calle quinta. La casa de mi abuela quedaba sobre la paralela a la calle quinta, a la vuelta de la Cristalina. Entramos a la casa y mi abuela y mi madre estaban furiosas con mi tío por haberse desaparecido conmigo. Queriendo escapar de esa escena me senté en mi mecedora y prendí la tele. Las imagenes que aparecían en la pantalla eran toda una revelación para mi. El partido que yo acababa de presenciar estaba siendo transmitido por televisión (pues el fútbol no se veia en directo aún). Yo podía predecir cada movimiento de los jugadores. El tiempo y la acción tomaron nuevas definiciones y la noción del paralelismo de la vida fue atravesada por la direccionalidad del tiempo. Mi memoria y la vivencia eran una de nuevo. No tuve más dudas. El fútbol tomaba forma y sentido. Sentí entonces esa punción que me hacia gritar el gol. Me convertí en hincha del Rojo. 



domingo, 5 de junio de 2011

Civismo, Educación y Guardas Cívicos: La paradoja de Ospina.

PARADOJA


Cali, la otrora ciudad del civismo no hace más que buscar en su historia la grieta por donde se le escapó la tan codiciada etiqueta. Pertenezco a esa generación que nunca lo vivió, que creció en medio de la nostalgia ciudadana de aquel civismo, que con el paso del tiempo se fue transformando en un mito, en una quimera, en un unicornio. La lucha por recuperar aquel estandarte de la ciudad, plenamente justificada por su incalculable valor social, se convirtió en el caballito de batalla del oportunismo político de la clase dirigente, y lo consolidó como la mascota y el eslogan de toda campaña electoral. No solo perdimos el civismo, sino también la creatividad.

La administración del alcalde Jorge Iván Ospina, lleva ejecutando un programa al que llamó Los Guardas Cívicos, un ejército de ¿funcionarios? cuya misión es devolverle el civismo a la ciudad, recuperarlo de donde sea que se haya extraviado y convertirlo en el eje de las dinámicas de nuestra sociedad. En las palabras de la administración, "la función del Guarda Cívico se presenta, entonces, como una de las formas de diálogo entre ciudadanía y Estado que se promueven actualmente en Cali. Este vínculo participativo que, espera fortalecer la confianza entre los ciudadanos, estará orientado por las necesidades, intereses y expectativas de la ciudadanía, por lo tanto, el Guarda Cívico al desempeñar su función educativa, debe considerar las características de la población, el contexto en el que ocurren las prácticas, el sistema de reglas formales e informales establecidas, los imaginarios y las representaciones colectivas y los conceptos de ética, moral, cultura y de derechos, que orientan las actuaciones de las personas que circulan por la ciudad"[1]. ¡Es una tarea titánica! Oh, ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?

Ya sabemos que al alcalde le gustan las tareas MEGA, y aunque construir puentes y vias influencia ciertas dinámicas humanas, esta empresa en particular plantea algunos interrogantes esenciales para poder entender la paradoja que representa el programa de los guardas civico. La leyenda del civismo caleño, el imaginario que tenemos de este baluarte del equilibrio social, diluido ya en las mentes del colectivo por su ausencia, amerita que definamos, ¿qué carajo es el civismo?  ¿Cómo se enseña? ¿Quién esta capacitado para semejante proyecto pedagógico? Y algo muy importante ¿cómo sabemos que esta funcionando?

La noción de civismo tiene muchas aristas, es un concepto dinámico, que esta intimamente ligado con el significado de la ciudadanía, con los deberes y derechos, con el concepto de democracia, con las buenas maneras, con la interacción del individuo con su comunidad en el marco geográfico de la ciudad y en contexto cultural e histórico. Habla del comportamiento social y de su dimensión política y ética. En términos académicos, de "la construcción del concepto de ciudadano o ciudadana consciente de sus derechos y deberes, libre, crítico, responsable, participativo y solidario. Todos esos rasgos que definen lo que debe ser hoy el civismo"[2].

Esta complejidad, en el marco de la convivencia tiene multiples expresiones, acciones concretas, conductas y actitudes, que no se circunscriben unicamente al respeto de las normas de transito o de amabilidad, y que pasan por el diálogo, el interés por la vida de la cuadra, del barrio y su dimensión social, política, económica y cultural. Estos comportamientos emergen del individuo guiados por un sentimiento profundo de amor por su ciudad, por sus iguales, de un vínculo con los espacios vivos. El civismo puede ser entendido como un ideal que mueve y motiva a materializar esa realidad que soñamos e imaginamos. Una realidad a la que se aporta, porque se siente posible. ¿Cómo crece un ideal en los individuos? O mejor ¿cómo se fue extinguiendo paulatinamente? Posiblemente las condiciones de alta desigualdad económica y social, junto con la perturbación que produjo el narcotráfico y su dinero invencible, que le ha quitado sentido y capacidad de acción a los individuos dentro del marco que plantea el derecho.

Para darle alas (ó aunque sea unos pies) a un ideal, hay que alimentar el pensamiento crítico, hay que darle espacios al arte, a las expresiones culturales, hay que devolverle la politica al ciudadano, hay que brindar capacidades de transformación a la sociedad, levantarle la moral, devolver la tranquilidad a las calles, multiplicar las oportunidades de empleo y de empresa, mantener a la población sana, querida y valorada, aún a aquellos que no le resultan económicamente viables (como los ancianos, drogadictos ó mendigos).

En contraste, estamos rodeados de escándalos administrativos a nivel nacional, departamental, y municipal. La moral y la fe del ciudadano en un gobierno justo, que defienda principios y que acepte y corrija sus errores en actitud de mejoramiento, es acuchillada con cada nuevo titular de prensa que trae un lío vergonzosamente más indignante que el anterior. Casi semanalmente entran uno o dos nuevos políticos a un proceso judicial por hechos de corrupción, y solo uno al mes va a la carcel.

Mientras tanto, la administración de Ospina se empeña en mantener un programa para recuperar el civismo de la ciudad, que consiste en personas capacitadas en unos pocos dias para enseñarnos las normas de transito, que seguro todos conocen, pues es casi universal y elemental que el verde es para pasar, pero los ciudadanos no lo respetan porque no le ven sentido, porque la función objetivo de su optimización absurda solo contempla su tiempo y los demás que se jodan. El producto, es un afán que no nos deja esperar ni un minuto viendo la luz en rojo, ni contempla la vida de los otros pues conducir  en contravia aqui es usual - que mire que vuelta tan larga, si es un pedacito nomás. El civismos no se multiplica ni crece porque un puñado de parlantes humanos te repitan en una esquina que galopemos por la cebra, o que crucemos solo con el semáforo en verde, o que enseñen a leer el mapa del MIO, ni mucho menos viendolos recoger basura del piso( a lo que uno se pregunta que hace entonces Ciudad Limpia). Su acción no inspira, porque no nace de voluntad de enseñar sino de su necesidad laboral.

Entre un millón cien mil y dos millones doscientos mil pesos de salario, un presupuesto anual de catorce mil millones, y que en lo corrido de la gestion de Jorge Iván acumula una suma de cincuenta mil millones [3], invertida en un cuerpo de "educadores de la cultura ciudadana", y que el consejo de Cali aprobó sin mucho debate. No sorprende, pues constituyeron una empresa de proselitismo politico en nombre del civismo, con el erario, cuyo proposito es aumentar su fuerza electoral acrecentando la brecha entre ciudadanos y la politica, marginado a los que no posen grandes capitales, de liderar movimientos para alcanzar puestos públicos. El modelo es tan exitoso empoderando a los que están montados en el tren, que ya los gobernantes de Buga y Yumbo también están montando su programa de Guardas Cívicos. En nombre del civismo, menguaron el interés político del ciudadano y su compromiso con sus deberes democráticos, y claramente vulneraron sus derechos.

Entre un millón cien mil y dos millones doscientos mil pesos de salario, es a lo que aspira un profesional  o un técnico, o un docente y lejos de esa suma están bailarines, escritores, artistas, cineastas o cantantes,  que con sus aportes al pensamiento, a la memoria colectiva y emocional, a la productividad y capacidad generadora de empleo, son motor de civismo. La falta de sentido del mercado laboral destroza la moral y borra el camino hacia un crecimiento personal y economico por la senda de la educación y la creación artistica e intelectual. Las personas que han decido contribuir al objetivo del Estado ven como la rosca y las conexiones políticas dan más frutos que la alternativa que plantea la educación, en un país que cada vez más ofrece desempleo e informalidad como opción de progreso económico.

Los artistas, la orquesta sinfónica, el festivales de danza, el festival de cine, el festival de jazz, los investigadores en las universidades y los docentes en los colegios tienen que mendigar recursos que son solo una fracción de los presupuestos del programa de guardas cívicos, todos ellos verdaderos contribuyentes del pensamiento critico, de la emoción, de la lúdica, de la reflexión, de las ideas de la democracia, del futuro de nuestras generaciones, de nuestra memoria historica y de nuestro sentido de pertenencia, se ven a gatas para poder vivir dignamente de su actividad. Ellos, que si están capacitados para promover el civismo son algunos de los más visiblemente damnificados de la temporada. En cambio, la estabilidad laboral esta garantizada para los que con la legitimidad de una camiseta y una gorra adornada con sus debidas insignias, se hacen portadores del civismo repitiendo a distra y siniestra, que no mostremos nuestra incultura al caminar por fuera de la cebra.

Para completar el triste cuadro, la justicia no tiene aún su palacio, y la policía tiene menos dinero que los los paladines del civismo. La tan anhelada seguridad, golpeada ya por el pobre mercado laboral y las malas costumbre de algunos de sus agentes, amantes del ají y flexibles como plastilina ante un billete de cincuenta mil pesos, esta cada dia más esquiva. Puño en la cara pal civismo.

Es una paradoja. No existe coherencia. Me acerque a un estación del MIO, donde conviven casi ociosos un policia bachiller, un guarda civico y un efectivo de seguridad privada, con una lata de cerveza vacía. No puede entrar con esa lata me dicen casi al unisono. ¿Dónde la boto? No hay canecas de basura  dentro ni fuera de esa estación (ni muchas otras). ¿La tiro a la calle entonces? Atrapados por la ley y la falta de criterio interpretaron que sí, que no podía pasar con la lata para llevarla a mi casa hasta donde sí hay un basurero. Hasta ahí llego la cháchara de la pagina web de la alcaldía.

A favor de los del programa de guardas cívicos hay poco que decir, mas que son una opción de empleo formal que genera estabilidad laboral. En cambio son múltiples las dimensiones en que se vulneran los derechos de los ciudadanos y se desdibujan los deberes, convirtiendo al civismo en una simplificación del comportamiento a lo amable, mientras que la delincuencia crece, la informalidad se convierte en la opción laboral más concreta y rentable y la educación profesional se constituye en un bien de lujo. La distancia entre el sistema político y los ciudadanos crece a niveles tan preocupantes, que cuando los ciudadanos quieren que se les preste atención prefieren taponar una via, en lugar de recurrir a sus políticos. Es una brecha tan amplia, que la única con capacidad de ganarse unas elecciones sin invertir un peso sería Carolina Cruz, pues sale en una valla cada cinco calles.

Medir los efectos de un gasto de cincuenta mil millones de pesos debería ser concreto, bien definido, inclusive facil. ¿Pero, quién puede decir que el civismo en la ciudad ha aumentado? ¿Dónde están los instrumentos claramente establecidos para evaluar una política pública de un presupuesto tan gordo? En Cali lo único que ha crecido es la delincuencia y la desesperanza, los accidentes de tránsito, las balas perdidas y los viejos y niños de bajos recursos muertos en la calle por falta de atención medica. En Cali han crecido las suplicas por recursos para la cultura, para las artes, para el pensamiento. El programa de los guardas cívicos es un eufemismo del civismo, que solo distrae a los ciudadanos de su verdaderos derechos y deberes,  de su compromiso con la democracia, con la solidaridad y con el diálogo ciudadano entre ciudadanos pues el miedo en la calle entre iguales es patente. El civismo no se extravió, se marchó decididamente de esta ciudad, por la violencia que produce la falta de solidaridad y los sueños rotos. 


[1] Web de la Alcaldía de Santiago de Cali

sábado, 21 de mayo de 2011

La irresponsabilidad social de Friedman




No soy un economista. Sin embargo, considero que como soy parte de los elementos constitutivos del llamado mercado, y como soy en una de mis dimensiones de ser humano, agente social y economico, tengo un criterio. Este es tan válido como el de Friedman, en vista de que su cosmovisión y su verdad inapelable, casi dogmática, no se basa en una ley natural, y es otra teoría más.

En el argumento de Friedman, la "responsabilidad social" de las empresas es exclusivamente ganar más [1], basa su sustento en que el individuo es el elemento fundamental, intocable y supremo, y que su interés prevalece sobre todo. Esa postura ante la vida desconoce la especie. Contradictoriamente basa su fuerza motora en las dinámicas de la evolución y sus principios en la actitud competitiva de la naturaleza. Esta visión darwiniana de la sociedad en donde el individuo al competir entre sus iguales crea valor para la especie y se eleva en la escala evolutiva se cae como un castillo de naipes cuando se reconoce que la habilidad evolutiva de los seres humanos está en su tejido social y la capacidad colectiva. En la evolución la competencia funciona como mecanismo porque no hay acumulación. Un cazador, como un león o un águila, no puede cazar una veintena de antílopes y guardarlos en el refrigerador. Esta condición de la supervivencia en el mundo salvaje es la que mantiene el equilibrio y define su frecuencia natural en el curso de la vida. Estos mismo principios aplicados a nuestra sociedad y a la esfera económica de la vida crean un sistema inestable y vertical cuando se introduce la acumulación. Nuestra conciencia, intuición y emoción, que derivan de la experiencia en comunidad, no pueden negar la importancia de nuestra característica más evidente del éxito de nuestra especie en el universo (espacio y tiempo).

El mercado es una voz que nadie puede oir bien, es incompleta, está en otro idioma. Si existe alguien que llene la infinidad de espacio vacíos de esa voz, creará la voz , le dará significado a esos fonemas informes, y terminará prevaricando. El mercado es un espacio de control en sí mismo, pues tiene más oídos que boca.

Por otro lado, una comunidad no es un corporación. No se puede pensar en el racional del negocio como una extension de las decisiones de una sociedad que vive en comunidades, ni viceversa. Sus objetivos están atados a la gente, pues lo que los une y los configura son la supervivencia y las necesidades humanas. Cuando la comunidad se decanta solo por un individuo, como en el caso del capitalismo salvaje del libre mercado, esta destruye su propio objetivo, ya no quiere ser más una sociedad, y el hombre se convierte en un ser solitario que vaga por el mundo.

He visto la capacidad creativa del individuo, he visto el poder del colectivo y la interacción humana. En el largo plazo el individuo enfrentado contra sus iguales sucumbirá ante el grupo, o dejara de ser una especie de éxito biológico, e inexorablemente se extinguirá.

Coincido con Friedman en que los empresarios no están pensando bien, ni entienden, ni están facultados para decidir que es la "responsabilidad social", pero estoy convencido de que más altruismo en una sociedad es un indicador de supervivencia.


[1] Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, The New York Times Magazine, September 13, 1970